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martes, 25 de diciembre de 2007

La Muerte Honorable [2a. Parte]



En Japón, ni su religión ni la moral o cultura condena el suicidio en forma específica. Al no tener las trabas occidentales de "Cielo" e "Infierno", los japoneses que desean quitarse la vida son libres de hacerlo. Sin embargo, Japón cree que toda la sociedad debe colaborar para evitar los suicidios.
Las cifras son alarmantes. De hecho, el gobierno ya no sabe como tratar el problema de los suicidios y ha tratado de implementar una ley para tratar de reducir las cifras, que rebasan los 30 mil suicidios por año.Problemas de salud, dificultades económicas debido al rezago y complicaciones familiares como la inadmisión a las Universidades se citan como las tres grandes causas de los suicidios en este país.


ADVERTENCIA: LAS IMAGENES QUE A CONTINUACION SE EXPONEN NO SON APTAS PARA PUBLICO SENSIBLE


Pero el problema no es reciente. Se ha venido desenvolviendo poco a poco desde que aquellos antiguos guerreros samuari se asesinaban por honor y eran visto como héroes. Creo que ese es el problema central: que los orientales en general siempre han visto el suicidio como un acto de heroísmo. Y el problema no sólo es japonés. Cierto que al no tener algo tan marcado como bien o mal, no hay "conflictos de intereses, pero veamos...

Este es un monje vietnamita, llamado Thích Quảng Đức. Protestó contra la persecución del budismo durante la administración de Ngô Đình Diệm. El, junto con otros, se inmolaron prendiéndose fuego en el año de 1963. Sus compañeros lo consideraron un santo y un héroe.
Héroes.


Los kanjis de una palabra conocida: 神風, Kamikaze ("viento de Dios"), conocidosos pilotos suicidas de la Segunda Guerra Mundial. Ellos eran los nuevos samurais que preferían dar la vida por su país (y sus ansias expansionistas), y explotaban sus aviones con tal de morir honorablemente. Y aquellos que fueron atrapados, prefieren suicidarse que rendirse...



Después de la Segunda Guerra Mundial, fueron muchos los que alzaron las voces contra el nuevo sistema de gobierno. Escritores, generales, filósofos, pensadores... muchos cometieron suicidio por el deshonor de haber perdido la guerra y la rendición de Japón, enraizando aún más la práctica del suicidio. Los japoneses actuales siguieron con el suicidio hasta grados realmente sorprendentes.

En las faldas del Monte Fuji, hay un lugar llamado "El Bosque de los Suicidios". Un lugar exclusivo para ir a morir. Creo que las imágenes hablan por sí mismas.









Por lo que comprendo, el Ejército japonés restringe el paso aunque no impide la entrada al suicida que llega a poner fin a su vida. Hay más fotografías de este tétrico lugar donde se llega a morir sin restricciones, que nos hablan de dos formas de morir más socorridas: pastillas y ahorcamiento. Y se nos comprueba que las estadísticas son reales, al ser personas de entre 25 y 55 años los que más se suicidan (estudiantes, sobre todo).

Nosotros los occidentales, tenemos marcado que el suicidio es moral, filosófica y religiosamente incorrecto. Pero, en un país como Japón, el problema no es de ideologías sino de salud pública. Quizá su sistema de vida sea eficiente, pero cabe preguntarnos, ¿qué tan necesitados, física o emocionalmente, debemos estar para quitarnos la vida? ¿Qué tan profundos son nuestros ideales para hacerlo?

Cuidense.

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jueves, 20 de diciembre de 2007

La Muerte Honorable [1a. Parte]


Ilustración japonesa de la "Muerte Honorable"

Trataré ésto con el debido respeto, pero con los acontecimientos tal cuales han sido en el Japón milenario. Y el el Japón actual, sin mentiras, sin encubrimientos. Sólo hechos. Y el hecho es que, como lo dije antes, esa cultura llena de tradiciones, valores y avances es también una cultura de dogmas y tabúes que han echado raíces. Hablo de la espada de dos filos de todo japonés: el Honor.
Según lo entendemos, el honor es una actitud moral que nos impulsa a cumplir con nuestros deberes. El honor es respeto y decoro, dignidad y honradez, integridad y consideración. Es la búsqueda de vivir en rectitud, de tener una mejor posición y, ¿por qué no? De tener una vida acorde, vivir para defender ese honor. Los japoneses han hecho del honor su marca... tanto para bien, como para mal.

HABLEMOS DE VIOLENCIA

Nosotros lo conocemos como Hara-Kiri (腹切), pero muchos se escandalizarían por ello ya que es un término considerado ofensivo, vulgar y grotesco. Invirtiéndo los kanjis tenemos su nombre oficial, que es Seppuku (切腹). Ambos tienen un rudo, pero claro significado: "cortadura en el vientre".
Esta era una práctica común entre los samurais del Japón Medieval, que consideraban su vida como una entrega al honor de morir gloriosamente... sea porque rechazaron cualquier tipo de muerte natural, por evitar caer en manos del enemigo o para expiar un fallo al código del honor. También era ordenado como pena capital por mandato de un Shogun o tribunal en caso de que un samurai cometiera un delito de asesinato, robo o corrupción (en este caso especial, se le daba una fecha al acusado, y si después de esa fecha no había realizado el seppuku, sería formalmente decapitado).
Realizarlo era un ritual, ya que seppuku era propiamente el estado mental que precede al destripamiento. Se bebía licor de sake y se escribía un poema póstumo, llamado zeppitsu o yuigon, normalmente en un abanico de guerra o en el dorso de un tessen.


Grabado del general Akashi Gidayu escribiendo su poema de despedida

Finalizado el poema, se procedía a realizar la Muerte Honorable: el samurai se colocaba de rodillas y hundía una espada corta (wakizashi) por el lado izquierdo del vientre, continuaba el corte hacia la derecha, volvía al centro y efectuaba un giro para ascender en la trayectoria del corte, hasta el esternón. El samurai que efectuaba el seppuku tenía que sostener el wakizashi usando un paño para no salpicarse las manos, ya que morir con las manos manchadas de sangre constituía una deshonra. En todo seppuku, un compañero del samurai (kaishaku) se mantenía a su lado de pie y si le veía sufrir demasiado, le cortaba la cabeza. Kaishaku no era el equivalente de un verdugo, sino al de un caballero que asiste en la realización del seppuku (familiar o amigo del condenado). Las mujeres que seguían el bushido realizaban una práctica similar denominada jigai. La principal diferencia con el seppuku es que se hacían un corte en el cuello, seccionándose la arteria carótida con una daga con hoja de doble filo llamada kwaiken. Previo, la mujer debía atarse con una cuerda los tobillos para no tener la deshonra de morir con las piernas abiertas al caer.

Los cortes per se lograban el desentrañamiento inmediato... aunque muchas veces el samurai no murió en el acto y logró ver su interior antes de percer.



¿SUICIDIO HONORABLE?

Aquí entraríamos en una bifurcación del camino. En los que defiendan y los que censuren ésta práctica. El seppuku era una tradición arraigada del japonés que quiere vivir sin mancha, y prefiere morir a tenerla. Pero, ¿qué decir del Japón de nuestros días?

Eso será expuesto en la segunda parte de esta entrada...

Quiero más...

jueves, 11 de octubre de 2007

A aquella que amo: prepárate para morir

Los ninja, también conocidos como shinobi, fueron un grupo de élite entrenados en el arte del Ninjitsu (literalmente, “El arte del Sigilo”). Altamente eficaces, los ninja fungían como espías, mercenarios, asesinos, guerreros y agentes de infiltración en el Japón antiguo. Sus disciplinas no seguían la Senda del Guerrero (bushido), tan característica de los samuráis acerca del servicio noble y el honor, sino la Senda del Asesino (ninpo), en la cual su característica era "Ataca primero, ataca dos veces".

Cabe aclarar que ellos NO eran los guerreros despiadados e inmisericordes, como se nos ha vendido la idea desde mucho tiempo atrás. Tenían un código y una ley, tenían rituales y ceremonias en igual valor que las de los samurái. Los ninja florecieron en las regiones de Iga y Kouga en el antiguo Japón. Y como es costumbre de los que aportamos en este blog, hoy me toca hablarles de una serie ninja, un tanto superior a algunas tanto en anime como en manga.


BASILISK KOGA NINPO CHO[バ ジリスク 甲賀忍法帖] es una serie basada en una novela escrita en los años 1958/1959 llamada "Koga Ninpocho" (la segunda parte de los kanjis), por Futaro Yamada. Hubo una adaptación live-action llamada "Shinobi: Heart Under Blade" (vean al final), la cual confieso no haber visto. Pero vi la serie y lo que vi me dejó impresionado.

Año 1614 d. C. Dos clanes ninja, Koga (De la Esvástica) e Iga (De la Empuñadura Secreta), han vivido 400 años odiándose a muerte, pero en una tregua respetada a regañadientes por ambas partes. La paz final puede alcanzarse si los nietos de los líderes de clan (Oboro de Iga y Gennoske de Koga) logran consolidar su amor, ya que sus abuelos no pudieron hacerlo. Sorpresivamente, todo se viene abajo cuando Tokugawa Ieyasu, el shogun, manda llamar a los clanes a demostrar sus habilidades, y después de verlas, decreta la tregua abolida. Cada clan elegirá a 10 de sus mejores guerreros y representará a un hijo del shogún. Quien gane tendrá la fama, la fortuna, el renombre y el apoyo del shogun nuevo. Pero esto poco le importa a los miembros de clan. Ellos quieren de una vez por todas aniquilarse: no importa el precio, lo importante es sobrevivir.

Los clanes han desarrollado técnicas que rayan en lo monstruoso y son poseídas por sus integrantes. Corriendo en paralelo a ROMEO Y JULIETA, de Shakespeare, la guerra de clanes da inicio con los protagonistas en medio de ella. Cada integrate posee una técnica de combate única y la usa en su beneficio (o perjuicio). Gennoske no quiere lastimar a su amada, pero se defiende de quien quiera dañarle y se convierte en un infierno andante para sus enemigos cuando sus ojos emiten su técnica ninja. Oboro no posee una técnica como tal, pero sus ojos anulan inmediatamente cualquier habilidad ninja (incluso las de su propio clan). La serie se llame BASILISK por ésta relevancia de los ojos, ya que el basilisco, mostruo mitológico griego, usaba sus ojos para asesinar. ¿Será posible el amor de Gennoske y Oboro? ¿Quién ganará la guerra? ¿Qué clan prevalecerá al final?


Los diez de Koga

Esta serie tiene escenas de acción muy buenas y bien logradas. Tiene una cantidad de violencia gráfica MUY superior a otras porque es totalmente estructurada y justificada. La muerte de cada uno de los integrantes se va desenlazando poco a poco y cada una es de dos formas: o muy triste o muy sádica.


Los diez de Iga

Esta obra maestra tiene algunas particularidades. Una es que, en su manga, los escenarios son reales: los dibujos de los personajes se hacen encima de fotos de paisajes naturales de Japón, en las regiones de Koga e Iga (para darle más realismo). Otra es que toman elementos reales de la historia de Japón (principalmente del periodo Edo). El amor imposible de los protagonistas añade una pizca de romanticismo a uns historia que ya es buena en sí. Aclaro: SI, BASILISK podrá caer en algunos estereotipos, eso es innegable, pero la experiencia de verla de principio a fin es panaceica. Una historia de ninjas a puro estilo japonés, tan real como el espectador quiera hacerla. Finalmente, les dejo la imagen live-action. Koga Gennoske (el hombre) e Iga Oboro (la mujer) abrazados (en las imágenes de arriba, son los personajes de la esquina inferior derecha, respectivamente). ¿Se parecen?


Cuídense.

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jueves, 4 de octubre de 2007

El Japón distópico

DISTOPIA: Utopía negativa donde la realidad transcurre en términos opuestos a los de una sociedad ideal, es decir, en una sociedad opresiva, totalitaria o indeseable. (De WIKIPEDIA, la enciclopedia libre)

Cuando leí en mi infancia (parece ahora ya mucho tiempo de ello) el libro de "1984" del inglés George Orwell, me pareció leer el futuro de muchas sociedades humanas, esto es, regidas por un gobierno totalitario que no admitía ningún tipo de oposición, queja o intransigencia. Controlados por el régimen, los medios de comunicación son censurados y sólo cumplen la "noble" labor de entretener, proporcionando todo el material que el Estado les da. Subsidiado por los líderes de la nación, el Ejército se ha convertido en una terrorífica arma de represión y control. Die perfekte Gesellschaft.

La distopía, en la actualidad, no es algo muy alejado de nosotros. Hace unos días un japonés, junto con otros ciudadanos, fueron asesinados por tropas de Birmania en una manifestación en contra del gobierno (aquí la noticia). Las muestras de este cálido cariño gubernamental son varias: la matanza de Tlatelolco de México [1968], la represión en Sudamérica [1975], la masacre de la plaza de Tiananmen en China [1989], etc. Japón no ha sido la excepción.

Después del genocidio en Hiroshima y Nagasaki, Japón quedó devastado y su economía hecha talco, pero su espíritu no se minimizó (o hubiera implicado su desaparición como nación). Cierto: los japoneses tuvieron que comenzar desde cero para lograr reestablecer su orden y justicia social (como le conocemos en México). Los disturbios, marchas y protestas culpando al gobierno por la situación caótica del país aumentaron y lo obligaron a reestructurarse. Una situación de caos hizo temblar al Mikado, centro de gobierno imperial del Japón de la posguerra, y cuando por fin la sociedad civil realizó cambios estructurales para renovarse, Japón comenzó un exponencial ascenso. De ello, 62 años han pasado ya, y en ellos Japón se ha convertido en la segunda potencial mundial, líder en tecnología de punta y adelantos robóticos y mecánicos. Sin embargo, a los creadores de anime y manga, conscientes de este pasado distópico y orwelliano que vivieron mientras su país salía del abismo creado por la guerra, han hecho obras magnas de un Japón diferente: un Japón devastado, de posguerra, de lucha y conflicto, de renovación y esperanza. Hablemos de una de esas obras

ANIMACION TOTALITARIA

AKIRA (アキラ), de Katsuhiro Otomo, es el mejor ejemplo de distopía en anime y manga. A lo largo de los años, el monumental manga de 2000 páginas dibujado totalmente a mano se ha convertido en una pieza fundamental del arte japonés de dibujo, y la película es sencillamente soberbia y muy bien realizada.

Situémonos en Japón después de la Tercera Guerra Mundial (sucedida en 1988). Nos encontramos en un Neo-Tokio del año 2019 totalmente caótico, donde la corrupción y el totalitarismo del Concejo Japonés han devastado la vida diaria de los habitantes. En este mundo de violencia, Kaneda (un motociclista) lidera un grupo de pandilleros. Tetsuo, su compañero de toda la vida, lo envidia y quiere ser el líder. Todo cambia cuando se encuentra con un extraño personaje el cual acelera su evolución y Tetsuo desarrolla poderes sobrenaturales. ¿Y quién está detrás de la investigación de ellos? El Gobierno.

Como el Big Brother de Orwell, el aparato gubernamental está atento de cualquier situación… y ejerce su totalitarismo sin la menor discreción. Las escenas de la represión gubernamental representadas son memorables (macanas, gases lacrimógenos, interrogatorios, ejército, detención, muerte) contra todos los grupos subversivos. La tensión generada por los intereses del Gobierno le hacen recrudecer sus ataques contra la oposición… y los errores los llevan a una cadena de favores de la cual la búsqueda de Akira, la energía perfecta, será lo único que posean en común Gobierno y sociedad: la última esperanza.

Hay que decir que su final no es muy positivista. Si lo analizamos a fondo, encontraremos que pocas de las manga (y menos anime) tienen finales felices. Sólo son finales adecuados. Y Akira no es la excepción, pero sí deja abierta la oportunidad de cambio, de renovación... Un mensaje de esperanza, tal cual le sucedió a Japón. La representación de situaciones de esta índole (posguerra, destrucción, caos, etc) es para los japoneses una expresión profunda y muestra de lo que les tocó vivir a ellos en carne viva, ya que muchas de las condiciones vividas después de los años de la Segunda Guerra Mundial fueron piezas clave en el desarrollo de anime y manga.

AKIRA, muy recomendable para un público analítico que encontrará muchos paralelismos con la actualidad. No hay que ir lejos para ya encontrarlos en nuestra vida diaria. “Big Brother” nos vigila, y no precisamente el programa malísimo de la Endemol.

Cuídense.

Quiero más...